
Siempre que la vida te obsequia con cosas buenas, necesariamente has tenido que vivir experiencia malas, para sobre todo poder valorar lo bueno, no creo que exista algo bueno o algo malo, tal vez lo bueno y lo malo vaya unido, sea indisoluble, no existe por separado. La calma es algo que también está unido inexorablemente a la tempestad, no se puede disociar simplemente por que nos apetezca. Todos buscamos momentos de calma simplemente por haber vivido una tempestad. Pero ello no significa que la tempestad sea lo malo, a veces es simplemente necesario vivir la tempestad, vivir el enfurecimiento repentino y sin saber realmente el por qué, ya que perdemos el tiempo de una manera lamentable intentando conocer el por qué de las cosas, cuando simplemente debemos de disfrutarlas sin caer en cuestiones que nunca tendrán respuesta. La calma del mar es algo bonito, algo que inspira tranquilidad, esa paz que todos anhelamos cuando estamos cansados de tanta tempestad, pero nunca debemos olvidar que la tempestad trae consigo, intrinsecamente asociada la calma y a veces esa calma no es buena para nosotros, a veces la calma puede indicar que se nos ha pasado ese momento de enfuerecimiento que nos hace estar por encima de banalidades más mediocres que nos rodean en el día a día. La belleza que esta foto entraña me hace desconfiar, por que el mar enfurecido me causa respeto, miedo y admiración de la grandeza de este medio, pero la calma a veces nos hace ser condiados, estar relajados y tranquilos, cosa que la naturaleza, el ser humano y el reino animal nunca permitiran de quienes vivimos en este mundo.
Nunca la verdad es la realidad que vemos con nuestros ojos, bajo la aperente calma se esconden los verdaderos sentimientos, que tan díficilmente podremos preveer.
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